VIDA DE PERIODISTA

Se acerca el Día del Periodista (7 de junio) y a ciertas alturas de la vida no está del todo mal recordar algunos hechos, que fueron eslabonándose a lo largo de 55 años en el ejercicio de esta apasionante profesión.

Podríamos decir, quizás, que fueron más las buenas que las que no lo resultaron tanto, pero es difícil hacer un racconto pormenorizado, cuando buena parte de toda una vida dedicada a lo mismo transcurrió sin la maravillosa de la computación e Internet. Había grabadores casi de mesa, no periodísticos (que tenían que acarrearse fuera una nota u otra); y, en el mejor de los casos, la Lexikon 80.

No se disponía del Google, o buscadores similares que todo lo resuelven a través de un clic, desplegando un abanico interminable de antecedentes sobre un tema u otro.

Pero no es del caso repasar las diferencias tecnológicas al servicio del oficio, en una época remota o en la actual, sino rememorar sucesos de los que uno fue “testigo”, porque hizo las coberturas, pero no “protagonista”, como algunos periodístas de hoy creen que es la cosa: el entrevistado lo es; no el que pregunta o comenta.

Iniciado “profesionalmente” en los ’50, uno lidió con momentos para nada fáciles (porque no había el respaldo de ahora), pero que tuvieron la virtud, a favor o en contra, de convertirnos en bastante duchos en la materia: cuando tocaba ir a una entrevista (o reunión; acto; evento; o lo que fuere), intentaba antes de “adentrarse” en el tema a abordar… y no ir por si acaso otro preguntaba.

Sin orden cronológico, podemos repasar alternativas, resistiéndonos al involuntario error que pueda generar el paso de los años, porque los recuerdos van borrándose. Pero intentamos, al menos, “borronear” párrafos enumerativos, con algún agregado perceptible que no lo es precisamente.

Empezaban los 60 y se estrenó “Propiedad”, película con Graciela Borges, diosa de todos los tiempos (y de nuestra misma edad). Le hicimos el reportaje, en el café del Hotel Austral, en un momento en que (50 años atrás exactamente) para esta misma fecha del año, cumplíamos (aún a desgano) el SMO (servicio militar obligatorio), que nunca fue para servir a la Patria sino a los jefes y oficiales de turno. Por encima de los sillones, arriba de los percheros, buen número de “gorras militares” (porque había quienes esa noche cenaban en el restaurante de Avenida Colón 159). Resultado: “cana” al día siguiente, en el Comando del V Cuerpo de Ejército, justo cuando se celebraba el Día del Periodista. El 7 de junio, sin embargo, una gestión ante el comandante nos permitió la salida. Pero el siguiente (sábado 8),.lo pasamos “privados de franco”, en el regimiento, limpiando caballos. El lunes (10) nos otorgaron credencial para “vestir de civil”, por nuestra función. ¡Qué poco bien nos hacía, por entonces, el SMO!. La nota con “Gra”, eso sí, apareció a la semana siguiente.


Con artistas era la cosa, ya que estamos, y un día coincidieron en la ciudad Mirtha Legrand (todavía sin almuerzos) y Tita Merello. Entrevistamos a la segunda, que no era fácil, como tampoco “La dueña”.

Otra de artistas: José Mojica, famoso como cantante, pero recordable como franciscano. También nos tocó reportearlo. Y una más: hacer el “bastagge” de un desfile de modelos. Reporteamos entonces a Greta Ibsen, hermosísima “pasadora” de creaciones para la mujer. ¡Imperdible!.

Dos sucesos no antagónicos, pero que tuvieron su notoriedad y serán imborrables para siempre: uno, la cobertura de la visita de Juan Pablo II, el 7 de abril de 1987, seguramente el hecho más trascendente de aquellos que nos tocó cubrir siendo “periodistas absolutamente independientes”; a nuestro riesgo; y con nuestro propio móvil, ¡25 años atrás!. Otro, la repercusión, aquí, paso a paso, del Mundial 1986, en Méjico y la perdurable conquista con Diego Maradona para Argentina.

Si de estigmas se trata hay uno que, prolongado por años, marca una de esas “historias para ser contadas”, porque es absolutamente verdadera, aunque no faltarán quienes, por intereses personales y sectoriales, lo nieguen enfáticamente.

Hubo un tiempo, entre los ’60 y los ’70 del siglo que se fue, en que el matutino local cubría exposiciones ganaderas. Dos especialmente, con gente propia: Palermo y Bordeu, con despliegue a tono, en julio y octubre, por pocos días, cada año. Pero he aquí que en la región, de septiembre hasta avanzado noviembre, las había (las muestras) en no pocos pueblos y en algunos casos simultáneamente. Ergo, páginas especiales del diario, porque los “avisos” así lo obligaban… y alguna relación (de ciertos jefes y una agencia especializada en lo rural) lo marcaban como un imperativo.

Así, se sucedían, largamente los fines de semana (de viernes a lunes; y un poco más), atendiendo llamados indescifrables de “colaboradores noticiosos” (o corresponsales, que ese sería el término) que no sabían distinguir entre un Aberdeen Angus y un Lincoln; mezclaban las razas; y dejaban todo librado al saber y entender de uno (mientras los expertos disfrutaban de su descanso y de algún pingüe beneficio colateral).

Otro si decimos para apuntar otro caso que se le parece bastante. Hubo un tiempo, también,  en que era habitual, ya rondando los ’70, que nos tocara relevar (sin ningún incremento salarial por función de mayor responsabilidad) a prosecretarios de redacción ausentes, sin que nadie diera explicación de las razones esgrimidas para el “faltazo”.

Eso se sucedió por no poco tiempo, sin dejar de lado, por supuesto, la responsabilidad primaria del cargo que ocupábamos (jefatura de zona). Un buen día, para cortar por lo sano, y fue tal cual, reclamamos que la “orden verbal” (de la dirección del diario) nos fuera trasmitida desde allí mismo y no por intermediarios. ¡Santo remedio!, porque esa determinación superior nunca existió. Por eso hemos dicho, no hace tanto, que en ciertos lugares algunos cobraban más por lo que no hacían; y otros menos por lo que si hacían. ¿Se entiende?.

En los ’60 nos tocó ejercer, entre otras actividades profesionales, la cobertura del quehacer de la UNS, en todas sus expresiones, incluyendo sesiones del Consejo Superior y la Asamblea Universitaria. Eran tiempos de antagonismo, y no poco, entre la FUS y la LEHS, en el claustro estudiantil. Nos la aguantamos, porque no eran de uso ciertas “reivindicaciones” a las que actualmente se echa mano. Sólo escribir y hacerse cargo a la visita siguiente a Colón 80.

Estuvimos cinco años (1984/1989), con producciones propias en LU3 Radio del Sur. Diríamos a full, con un móvil en “Mañanísima”, que fue un gran éxito con la conducción de Sandro Romay; tres horas todas las noches, con “Relieve 1080” (aguantando continuados cortes con el “delirio de los números”, que imperaba en esos tiempos en la emisora); y el “gigante” de los sábados a la tarde. Fue gratificante, por cierto, hasta que los que nunca faltan, también allí, fueron privilegiados en una radio que habilitaba cada vez más “kioscos”, pero algunos de ellos en desmedro de la producción real que garantizara la normal continuidad de un medio que supo ser señero en la ciudad, fundamentalmente por su carácter netamente popular.

Mucho antes de eso, entre el ’70 y el ’75, habíamos estado en la desaparecida LU7 Radio General San Martín, de Alsina 247. Imborrable etapa, porque llevamos la emisora a toda la región, con producciones de todo calibre, centradas en las largas tardes de los sábados. Pero también hicimos el deporte; y trasmisiones especiales (incluso desde estudios propios instalados en Punta Alta). También allí, quienes privilegiaban sus intereses por sobre los de la radio, hicieron lo suyo y nos fuimos. Poco tiempo después, LU7 fue cerrada y nunca más.

Tuvimos dos alternativas muy marcadas, en el ámbito patagónico. Una, inolvidable, que ocupó los años 1976 y 1977 y los dos primeros meses del ’78, en la jefatura de redacción (o algo así como el símil, hoy, de una dirección periodística), en el diario “El Chubut”, de la empresa que conducían José María Sáez y el doctor Atilio Viglione. Años duros, por cierto, con los consiguientes episodios que signaron una tarea para nada fácil.

La otra, en contrapartida, para el olvido, en Neuquén (y no por esa provincia que atesora vivencias, recuerdos y tesoros muy queridos, valga la expresión), sino por la empresa metropolitana que contrató nuestros servicios y que no cumplió ninguno de los acuerdos a los que habíamos arribado. La pretensión cotidiana de generar un diario ficticio (manejado por satélite desde Buenos Aires y por “graduados universitarios” en la propia mesa de redacción desde un criterio que no merece siquiera ser “calificado”) hizo el resto. Nunca supimos de un diario tan irreal y con tanta “falsedad ideológica”, cabría decir.

Párrafo especialísimo, en estas historias para ser contadas (que sólo son una mínima referencia en relación a todas las experiencias vividas a lo largo de cinco décadas y media), merece el partido de Villarino, y muy especialmente su ciudad cabecera, Médanos, a la que dedicamos nuestro mayor esfuerzo a lo largo de 42 años de periodismo independiente, con DIARIO VILLARINO. Sería injusta, quizás, una enunciación sobre que fue lo que más incidió para que hiciéramos de ese nuestro “lugar en el mundo”, aún no habiendo residido nunca allí. Seguramente, alguna vez, podríamos dedicar, apelando sólo a la memoria (porque no quedaron archivos) no poco espacio a decir en qué y con quiénes compartimos años que fueron de lucha, de no pocos sinsabores, pero sí, de muchas alegrías y la íntima satisfacción del “deber cumplido”.

No podemos cerrar sin decir que 55 años después del comienzo, mantenemos el mismo espíritu. Hace pocas horas, un mensaje, que no reproducimos totalmente por respeto a la fuente que lo originó, nos decía que “al leer tus notas, siento, como lectora, que me estás escribiendo de manera personal y que me estás contando lo sucedido”. Ha interpretado, para nuestro orgullo, que relatamos las cosas no ya como mera información o comentario, sino “metiéndonos” en aquello que la gente espera recibir de sus “comunicadores”. Así lo hicimos, lo hacemos y seguiremos haciéndolo hasta tanto nos sea posible responder a una vocación abrazada con pasión desde nuestra juventud, cuando todavía cursábamos la escuela secundaria. Es que ha sido nuestra vida…

Luis María Serralunga

Comentarios

  1. "Vida de periodista" es la vida de mi papá. Desde que yo me acuerdo -y tengo buena memoria para los hechos más pretéritos- mi papá escribe noticias, las dice por radio o por televisión. Desde hace rato, también por internet. Es la primera imagen que tengo de mi papá, siendo yo muy chiquito: escribiendo en la vieja máquina Olivetti y dibujando en la hoja de diagrama, sobre un escritorio de esos viejos (serían modernos hace más de 40 años) y pesados, así en casa como en la redacción de La Nueva Provincia. Lo diré de una forma que seguramente nunca se ha leído: "no es porque sea mi papá" pero JAMÁS conocí -ni conoceré a esta altura de mi existencia- a un periodista con la capacidad que tiene mi papá de llenar páginas y páginas y más páginas, todas escritas por él mismo, combinando información, con opinión y con todo lo que un producto periodístico que se precie de tal tiene que contener. Ciertamente no he heredado esa virtud de mi papá. Tampoco su incólume coherencia al jugarse el pan en cada letra, sin jamás haber flaqueado para preservar un "kiosco" o tergiversado hechos o falseado opiniones con la ubicuidad que otros exhiben en el ejercicio del "violento oficio de escribir" (Walsh dixit). A menos que Dios me tenga reservada la longevidad de mi abuelo Ernesto -de cuya partida a fin de este mes se van a cumplir 10 años, cuando él tenía 98- yo ya he transcurrido la mitad de mi vida. Y hace rato que no me la gano escribiendo, publicando periódicamente mis ideas por la prensa, cual sería la definición más convencional del periodismo. Ni siquiera exagero al decir que a veces siento que traiciono el oficio, la profesión de ejercicio, que aprendí de mi papá escribiendo todos los días un poco de puro hobbie nomás. Pero es así. Así estoy, ahora que papá celebra sus 55 años ininterrumpidos de profesión y yo lo admiro, por su consecuencia, por su coherencia, por su dignidad, por su "prepotencia de trabajo" (Arlt dixit). El otro día recordaba -me lo recordaban los medios de comunicación, en realidad- que hace 25 años compré el Nº 1 de Página/12, el diario que Jorge Lanata fundó el 26 de mayo de 1987. Había sabido de su inminrnte salida a la calle unas noches antes, escuchando a Lanata y a su socio capitalista de entonces, Fernando Socolovsky, en el programa de Carlos Rodari en Radio del Plata. Anunciaban la aparición de ese diario, que seguí leyendo hasta 2002, aunque durante buena parte de su primera etapa estuve en las antípodas ideológicas de lo que pregonaba. Sin embargo, me empachaba con sus notas, escritas por maestros de la palabra. Entre ellos rescataré a quien fue dueño de sus contratapas mientras vivió, Osvaldo Soriano, que se fue al Cielo antes de que el Página cumpliera su primera década. Recuerdo como si fuera hoy que en setiembre de 1989, cuando me establecí para siempre en Centenario le pedí al viejito Stagnaro -que tenía el único kiosco de diarios y revistas del pueblo- que cuando iba a buscar Clarín y La Nación, trajera también un ejemplar de Página/12...
    http://guarricosas.blogspot.com.ar/2012/06/contar-la-vida.html

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    1. Y bueno, si el que escribe en mi hijo, Eduardo, qué sino cosas así podía decir. Seguramente, mezclando la única virtud mía, la de tener tenacidad aún en los peores momentos (como ocurriera en 1975 y en 1995, con el doble cierre del semanario VILLARINO, al que le dediqué los mayores esfuerzos, pero que en dos gobiernos PERONISTAS tuve que dejar de editar por la persecución que no sólo abarcó a grandes medios) con la brillante manera suya de escribir, un producto periodístico hubiera sido de excepción. No lo quisieron así las circunstancias, pero sí que Eduardo participara, alguna vez, en mis programas de radio en LU3 (haciendo el móvil, por ejemplo). En cambio, coincidimos una vez, en distintas funciones en un diario irreal que una empresa metropolitana editaba para Neuquén, allá por 1995 y 1996; y eso sí que fue peor el remedio que la enfermedad, por la deliberante conducción que ese matutino artificial ten´`ia día tras día, ejercida por "periodistas universitarios" que nunca supieron de que se trata un diario. Sin embargo sé que aún es tiempo y atesoro la esperanza de "hacer algo", en que se unan "capacidad de trabajo" y "pluma brillante", porque la hay, en altísimo grado. Al cumplir, como ocurre en estos días, 55 años propios de periodismo, el feliz Día del Periodista es para Eduardo, que lo es y lo será.
      LMS

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