RECORDANDO A DON ERNESTO (SERRALUNGA), "MI VIEJO"
Era un día como hoy (30 de junio), pero domingo. Muy frío, pero con un sol radiante. Habíamos estado, como otras veces, en el incómodo lugar “reservado”, por entonces (a la intemperie), a familiares de internados en terapia intensiva del Hospital Municipal, reconocido centro de salud de la ciudad, más allá del citado imponderable. Sobre mediodía, alcanzamos la breve oportunidad de ver al abuelo Ernesto (Serralunga), cercano ya a sus 98 años, en la que sería la última vez. Dos horas después, poco más o menos, nos llegó la noticia que, no por posible por obvias razones, nunca era deseada: el abuelo (de los chicos), mi papá, se había ido hacia ese destino para el que decía estar preparado y tener asumido. Una rara coincidencia hizo que fuera el último que pasó por la sala y se acercó a tener un momento a solas con él. Extrañamente porque, por diversas razones, había sido quien más desencuentros había tenido por años (porque él no había entendido que la profesión ele...